DE LOS JAZZISTAS HIPSTERS DE HARLEM EN NUEVA YORK - A LAS “VOLADAS” HIPPIES CERCA DEL ZANJÓN DE LA AGUADA EN SANTIAGO DE CHILE

 

Consideraciones en torno al movimiento hippie en Chile en los años 69 a 72 - con hincapié en la Población San Joaquín, de la antigua Comuna de San Miguel.

 

1) Prólogo

“¡Después de los hippies todos nos volvimos un poco hippies!”

(“¡After the hippies we all became a little hippies!”)

Así dice la voz locutora de un documental de la serie “Making sense of the sixties” (“Comprendiendo los años 60s”), 1991.

Los hippies promovieron actitudes, conductas, temas y libertades que en su tiempo encontraron resistencia y hostilidad, pero que hoy día son consideradas normales.

Dicho de otra manera: En la enmarañada simultaneidad de fenómenos que han llevado a la actual convivencia social en las sociedades occidentales, el hippismo tuvo un rol tan imprescindible como poco valorado, sobre todo en el mundo hispánico - y a pesar de todos los obstáculos a la libertad y al saber que pudiera haber hoy… muy pocos disconformes se encontrarían mejor en el mundo anterior al de los hippies.

 

2) El propósito

Mucho indica que el efecto del hippismo chileno en barrios populares nunca ha sido explorado de la manera que merecería. Hay una tendencia en todas las sociedades a no historizar (¿se puede decir así?) a sus estratos menos acomodados - y Chile obviamente no se queda atrás.

 

Como las siguientes líneas no incluyen otro punto de vista que el mío, este es un esbozo con sesgo. También es un esbozo truncado… pero, para sosiego propio, dada la vastedad del tema, la distancia mnémica de décadas y la falta de fuentes informativas, creo que una investigación, por muy rigurosa, tampoco sería capaz de cubrir todas las profundidades y consecuencias de un fenómeno hippie local - mucho menos del hippismo en su totalidad.

 

Hoy en día es difícil imaginar el enorme impacto social, que en el año 1969 causaran jóvenes de pelo largo y manera de vestir distinta, que fumaban marihuana, escuchaban música rock experimental anglosajona y practicaban una sexualidad horrorosa para la época.

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3) Algo de historia

Hasta hace pocos años, buscar la palabra hippie en la red arrojaba pocos y escuálidos resultados. Actualmente se advierte un considerable aumento de datos al respecto. Esto podría significar, aparte del desarrollo natural de la red, un interés creciente por rememorar este fenómeno social - lo cual calzaría con el propósito de estas páginas.

 

“Precedentes históricos” del hippismo se pueden encontrar en la Wikipedia. Un primer precedente estaría  ya en el filósofo zoroastriano Mazdak (fallecido 524/28 AC) y el mazdakismo en Persia (actual Irán). Y según un “Time Magazine” de 1967, el filósofo que vivía en un barril, Diógenes el Cínico (404-323 AC), y considerado de la “contracultura de los antiguos griegos”, presentaba también ideas catalogables como hippies.

La Wikipedia ofrece un largo paseo por distintos períodos históricos con ejemplos de movimientos e ideas emparentadas al hippismo. Es como para pensar que el principio de conservación de la energía - que esta no se crea ni se destruye y sólo adopta distintas formas - vale de alguna manera también para los flujos de ideas. 

Conclusión: El preludio histórico del hippismo es una selva tupida, que exige resumir desde un período más reciente.

DIÓGENES EL CÍNICO.png

Anécdota: Alejandro Magno, quizás el hombre más poderoso de su tiempo, pregunta: "Gran filósofo, ¿qué puedo hacer por ti?"

Diógenes el Cínico, responde:  "Muévete, que me estás tapando el sol".  

4) La palabra hippie

Hay inseguridad respecto al origen de la palabra hippie. Por el lado etimológico no hay duda de que deriva de hip; cuya primera mención en prosa se remontaría a 1904, a una novela en el contexto del teatro escrita por G. V. Hobart y titulada: “Jim Hickey: A Story of the One-Night Stands”. Aquí «one-night stand» no significa (como es el caso ahora), un encuentro sexual casual y aislado; significa una producción teatral para solamente una vez.

Según la Wikipedia, en la mencionada novela hay un diálogo donde un personaje afroamericano pregunta: “Are you hip?”.  Esta debe ser otra prueba de que la voluntariedad de la Wikipedia no garantiza su exactitud. Porque el diálogo es entre dos personajes de piel blanca. 

El significado atribuido a hip es «aware, in the know» - algo así como «consciente o atento en el (o al) conocimiento o saber».

Aventurando una chilenización… ser «hip» sería algo así como ser avispado, capaz de «cachar» contextos y conocimientos.

5) Los hipsters

En  los años 40s, debido a la ocurrencia del excéntrico jazzista blanco, pero culturalmente afroamericanizado, Harry "The Hipster" Gibson, de la palabra hip se desprendió hipster(s); que identificaba al público del jazz en el barrio Harlem de Nueva York.

Los hipsters eran como los músicos de jazz; relajados, indolentes, sarcásticos y distantes, no creían en las ofertas de la sociedad, vestían de manera similarmente peculiar, hablaban su argot, eran no- o antimaterialistas, indigentes a propósito, y  sexualidad desacorde con las convenciones imperantes. Y siguiendo con las chilenizaciones… los hipsters «no estaban ni ahí».

 

La experiencia intensa del jazz era para los hipsters un culto al aquí y ahora, una trascendencia a la mierda («shit») del mundo normal. La gente de este mundo normal; los burocráticos, trabajólicos, religiosos y políticos, era considerados cuadrados («square»).

Para el hipster, figuras tan distantes políticamente como Churchill o Stalin eran igual de cuadrados - la política en sí era cuadrada. Y no sólo consumían marihuana, además la veneraban en el lenguaje cotidiano y canciones.

Los hípsters aparecen a menudo definidos como contraculturales. Es fácil y al parecer en boga definir, o definirse, como contracultural. La pregunta de rigor es si un aspecto de la cultura puede estar en contra o ser la antítesis de la cultura madre… o si en realidad no es otra cosa que un componente más, cuya función es precisamente reforzar la cultura hegemónica.

Redondeando: Un hipster ya portaba elementos que más tarde caracterizarían a un hippie.

 

6) Los beatniks

Entre los 50s y mitad de los 60s, o sea entre los hipsters y los hippies, hubo un puente: Los beatniks; un movimiento en el halo del grupo literario denominado Beat Generation, encabezado por afamados escritores como A. Ginsberg, W. S. Burroughs y, el más sobresaliente,  J. Kerouac.  

La base del movimiento estaba en Greenwish Village; un barrio de Nueva York que atraía a bohemios y artistas por sus arriendos baratos.  

La Beat Generation se perfiló como desconforme y antiburguesa, como artistas libres y creativos frente a lo establecido – y, por supuesto, con frecuencia son definidos como contraculturales.

El estilo de vestir de los beatniks no se parecía al de los futuros hippies. Pero eran descomprometidos, antimaterialistas, hablaban su propia jerga, usaban boinas negras, tocaban el bongó, escuchaban jazz y recitaban poesías intrincadas en cafés oscuros. Consumían marihuana y drogas psicodélicas.

 

Beatnik es un compuesto entre beat - y el sufijo peyorativo nik, también usado en otros contextos. Sucede a menudo en el mundo anglo-sajón, que un grupo adopta sin mayores problemas un apodo negativo. «Punks», por ejemplo, conlleva significados tales como vagos, malacatosos, basura o escoria.

 

Beat iba ligado a «beaten»; golpeado, maltratado, endurecido, curtido.  En los 1950s, para el escritor beat J. Holmes el vocablo representaba la sobrevivencia a las durezas de la vida. “Cualquiera que haya vivido una guerra, cualquier tipo de guerra, sabe lo que beat significa”… (“Everyone who has lived through a war, any sort of war, knows what beat means…”).

 J. Holmes veía en beat un estado de la mente limpio de lo inesencial y receptivo a todo en su alrededor, ser beat era mirar hacia arriba desde el fondo de la personalidad en el sentido del filósofo danés, S. Kierkegaard.  

J. Kerouac que siempre se reconoció católico y conservativo, muy en contraste a la percepción de sus admiradores, asociaba beat a «beatitude», que en inglés tiene un significado más místico que beatitud en castellano. 

 

Son los beatniks que posan su atención en cultos considerados lejanos y exóticos; el hinduismo y el budismo -  y difunden un libro  de fuerte contenido místico originalmente escrito en alemán en 1922, y editado en USA en 1951: “Siddhartha”, de H. Hesse.

 

Una crítica describe a los beatniks como un grupúsculo de Nueva York con apenas un puñado de imitadores en un par de ciudades, o sea; más que nada un producto mediático. Como fuera, los beatniks agregaron a la actitud de los hipsters elementos que más tarde entrarían a la espina dorsal del hippismo, por ejemplo: La no conformidad, la oposición a lo establecido, la creatividad espontánea y el viaje como reflejo de una búsqueda interior.

7) Los hippies

La autobiografía editada en 1965 del icónico activista afroamericano Malcolm X, tiene un párrafo referido a los años 40s: “Unos pocos entre los hombres blancos frecuentando Harlem, eran jóvenes a los que llamábamos «hippies», que se comportaban más como negro que los negros” (“A few of the white men around Harlem, younger ones whom we called “hippies”, acted more Negro than Negroes.”) 

Nótese, que si Malcolm X usaba la palabra «Negro», es como para deducir que no había conflicto en ello – contrario a hoy día.

 

En 1961, «hippie» apareció en un ensayo de K. Rexroth acerca de jazz, músicos, prejuicios, razas y clubes: “What’s Wrong with the Clubs” (“Qué anda mal en los clubes”).

K. Rexroth explica que la mayoría de los músicos de jazz negros son de clase media, él dice conocer a un par que son hijos de doctores, que prefieren proclamar su origen musical como de «iglesia» (por la música en los oficios religiosos), y no como hippies – o sea; preferían ser asociados a la música de la iglesia local, a ser considerados hippies.

Para K. Rexroth los hipsters y hippies eran jóvenes blancos que participaban en la bohemia nocturna de los afroamericanos y beatniks – lo cual concuerda con lo expresado por Malcolm X.

 

Hay sólidas indicaciones de que en la génesis del hippismo hubo una cercanía a - y una admiración por - la cultura musical afroamericana. Por eso llama la atención que en el clímax del hippismo, el festival de Woodstock, se observa un público casi absolutamente de piel blanca. A pesar de la visión inclusiva del hippismo, el estereotipo del hippie norteamericano terminó siendo blanco, tirando para rubio.

En 1965, el diario “San Francisco Examiner” publicó un artículo titulado: “A New Paradise for Beatniks”. Aquí los hippies son vistos como una nueva generación de beatniks atraídos por un barrio bohemio; Haight Ashbury, que albergaba “escritores, músicos, pintores, activistas de derechos ciudadanos, homosexuales, lesbianas, marihuaneros, etc.” Como en el caso de los beatniks en Greenwich Village, este barrio de San Francisco con arriendos baratos fue decisivo para atraer a jóvenes de todo USA.

Se calcula que en 1967, 100.000 jóvenes convergieron a Haight Ashbury durante el evento conocido como Verano del amor (Summer of love). El periódico hippie “San Francisco Oracle” declaró que entre otros el objetivo del evento era “hacer una revolución con renacimiento de la compasión, consciencia y amor, y la revelación de la unidad de toda la humanidad”.

La avalancha de jóvenes, el uso de drogas sumado a episodios de desnudez y amor libre (free love) en parques, causó conflictos con los residentes fijos y autoridades de la zona. La prensa cubrió el Verano del amor día a día.

Adolecentes hippies de San Francisco - Gentileza de Joe Samberg

El “Time Magazin” anunció en su portada: “Los hippies quieren cambiar el mundo” (“The hippies want to change the world”).

El mismo año el movimiento adoptó el signo de la paz y las flores como su tarjeta de presentación - y se editaba la canción/himno hippie: “San Francisco (Be sure to wear flowers in your hair)”, (“Acuérdate/asegúrate de llevar flores en tu cabellera”).

 

Si bien el uso de drogas ya era habitual entre los hipsters y los beatniks, fue el psicólogo Th. Leary quien las promulgara con status de herramientas para la expansión de la consciencia. Th. Leary llevaba años experimentado con LSD, cuando en 1964 publicó: “The Psychedelic Experience”, acerca de estados místicos de consciencia inducidos por LSD y psilocibina y mescalina. Su idea fuerza: “Turn on. Turn in. Drop out”, terminó siendo el lema hippie - y es casi obligatorio intentar aquí una traducción, y explicación según el sentido dado por el propio Th. Leary.

«Turn on» significa prender o encender algo - o a alguien, de modo que también se usa en el sentido sexual de «calentar» o «calentarse». Retirando esta connotancia sexual, Turn on puede ser «enchúfate» o «conéctate» - según Th. Leary, con un nuevo nivel de consciencia y sus posibilidades (y las drogas eran un medio para esto).   

«Turn in» puede traducirse como «sintonízate» o «entrégate» - a expresar esta nueva consciencia y a intercambiar harmónicamente con el mundo.

Y «Drop out» estaría cerca de «abandona», «deja» o «desapégate» - de las obligaciones involuntarias e inconscientes.

  

Para Th. Leary, el hippismo era un profundo cambio personal y mental que llevaría a un cambio social, y en 1966 en “The Politics of Ecstasy”, escribe: “Hippie es una etiqueta del establishment para un profundo, invisible y subterráneo proceso evolutivo.” (“Hippie is an establishment label for a profound, invisible, underground, evolutionary process”).  

 

Es el espíritu del hippismo que en agosto de 1969, en una granja a las afueras de Nueva York, congrega a la hasta ahí mayor reunión pública de la historia; el “Festival de Woodstock”. Se estima que 500.000 jóvenes pasaron por los 3 días de festival y que otros 250.000 no pudieron llegar por el atochamiento de vehículos en los caminos.

La película “Woodstock” es un detallado manifiesto visual y musical del credo hippie.

 

Concreto es, que en USA el hippismo fue resultado de ideas y actitudes con décadas de trayectoria. Y en esos días USA era, sin real competencia, el país más rico y poderoso en la historia del Planeta Tierra - y el de mayor producción y exportación cultural. 

Los hippies norteamericanos eran parte y resultado de algo que ellos criticaban: Una enorme abundancia. Esto no sorprende ya que, generalizando; la abundancia material facilita también el quehacer del intelecto y el espíritu.   

8) Hippismo en Chile

¿Hubo en Chile algo similar a ambientes hipsters en torno a jazz - o beatniks en torno a una corriente literaria? ¿Hubo como en USA algo que allanara el sendero a un hippismo chileno?

De buenas a primeras, parece que no.

 

En los años 1968 y 1969, Chile era un país subdesarrollado, pacato y con mentalidad de villorrio. No es entonces raro que el hippismo chileno pareciera un trasplante mal hecho, una burda imitación de extravagancia de país desarrollado.

Por supuesto había un componente imitativo, lo hay en todas las reproducciones de movimientos foráneos, pero la mera imitación vacía de ideas y sentimientos se desgasta rápido.

Por otro lado, si los hipsters, beatniks y hippies describían a la sociedad norteamericana como «cuadrada»… entonces la sociedad chilena podría con toda justicia describirse como «muy cuadrada» - y, obviamente, había jóvenes chilenos perceptivos a corrientes nuevas y disruptivas. 

 

Una línea oscura de esta cuadratura chilena la hacía una represión y desesperación sexual difícil de imaginar hoy. Un par de ejemplos:

En septiembre de 1969, para promover una pieza de teatro llamada “Dada”, los actores del “Grupo Andamio” anunciaron que llegarían desnudos a un café del centro de Santiago. La cantidad de curiosos fue tal, que detuvo el tránsito vehicular. Grande fue la decepción de la multitud - porque a último momento los actores no aparecieron. 
Noción de lo que podría haber sucedido en caso de aparecer las actrices desnudas, la da otro episodio acaecido un año después, en septiembre de 1970, al confirmarse la victoria electoral del candidato presidencial S. Allende. 

La Plaza Bulnes era lugar popular para el «pago de apuestas electorales». Los perdedores, hombres y mujeres que habían apostado por los otros dos candidatos, J. Alessandri  y R. Tomic, «pagaban apuestas»… paseándose con una cola visible colgando sobre el trasero, sentándose  en una  bacinica, pedaleando una bicicleta dentro de la pileta, poniéndose una bufanda hasta el suelo, declamando la derrota, tirándose vestidos o en ropa interior a la pileta, etc. La atmósfera festiva atraía curiosos. De pronto una mujer se desvistió y se tiró desnuda a la pileta… segundos después eran tantos los que se habían metido con ropa al agua para manosearla, que una pareja de carabineros tuvo que usar la fuerza para rescatarla y protegerla.

El espectro etario de los  manoseadores descontrolados iba de la adultez a niños de 12 o 13 años en uniforme escolar.

Los ejemplos mencionados contienen un elemento jocoso de moral sexual represiva. Pero grave y trágica era la estigmatización de la maternidad fuera del matrimonio. Las madres solteras se arriesgaban a partos ilegales, la mayoría insalubres y a manos de parteras a veces con varias defunciones en su currículum. Recién nacidos eran abandonados, entregados en adopción o crecían con una madre que se hacía pasar por hermana mayor y/o con una abuela que hacía de madre. 

Demás está añadir que esta moral sexual tenía su correspondiente nivel de hipocresía. 

Es lógico que el hippismo, en Chile encontrara una primera resonancia en los estratos sociales privilegiados, aquellos más cercanos a la abundancia de USA.

Se trata con toda probabilidad de muy pocos jóvenes que habían visitado USA, o Inglaterra u otros países desarrollados, y que trajeron la semilla a Chile. A esto apoyaron débilmente los escasos impresos de la época, que en raras ocasiones presentaban artículos y fotos de esta extraña excentricidad de país desarrollado.

Desde unos pocos «barrios altos» de Chile, el hippismo se desplazó hacia barrios más populares.  

 

La prensa chilena llevaba bien en alto la bandera de la estrechez de mente, y se apresuró en poner a los hippies en sus titulares. Bastaba el cabello un poco más largo de lo normal, el rumor de marihuana y una fantasía calentucha para ver sexo escandaloso entre hippies. La reacción de la prensa fue de hostil a virulenta.

9) “El Festival de Piedra Roja”

La película “Woodstock” tuvo un rol fundamental en la difusión global del movimiento hippie. En Chile, el mítico festival norteamericano tuvo una réplica en los días 11 y 12 de octubre de 1970.  El impulsor fue Jorge Gómez; un estudiante de 19 años que había vivido en Inglaterra y que, para financiar un viaje de estudios, se le ocurrió hacer “algo parecido al festival de Woodstock” en un descampado precordillerano vecino al barrio alto de Santiago.

El rumor acerca del “Festival de Los Domínicos” que organizara Jorge Gomez,  más tarde conocido como “de Piedra Roja”, circuló por todo Santiago y terminó reuniendo entre 3.000 y 5.000 jóvenes afines al hippismo.

Comparado a Woodstock, la pobre infraestructura del “Festival de Piedra Roja” ilustraba fielmente el subdesarrollo de Chile.  Pero el festival consiguió algo prácticamente imposible para la época; reunir una multitud juvenil de distintas clases sociales en un mismo lugar, con motivos fuera de la obtusa dualidad entre «izquierdas» y «derechas» políticas. A propósito… la precaria instalación eléctrica del festival fue saboteada, y se presumió en su momento que por elementos de izquierda o de derecha - nunca quedó claro.

La reacción negativa de la prensa y sociedad en general fue desproporcionada. El tema llegó al Congreso Nacional  y Jorge Gómez, denunciado por el alcalde de la Comuna de Las Condes, se vio obligado a comparecer ante los tribunales.

“El Festival de Piedra Roja” pasó a ser parte de la historia universal del hippismo (ver: Hippie, en Wikipedia versión inglesa).

 

10) La Comuna de San Miguel

Las viviendas sociales de la Población San Joaquín (en adelante PSJ) fueron habilitadas por la Corporación de la Vivienda, CORVI, en 1960 - y pertenecían administrativamente a la Comuna de San Miguel.

Población San Joaquín en 1970

“San Miguel al desnudo- GRANDEZAS Y MISERIAS DE UN BARRIO BRAVO” – así se titulaba en 1969, un reportaje de varias páginas del semanario VEA. Ahí se informaba que en 1968, la mencionada comuna tenía “cientos de industrias pequeñas y grandes, pero también docenas de poblaciones callampas.” Su población era de 610.000 habitantes y el presupuesto de 18 millones de Escudos (aprox. 29,5 por persona) - en comparación; los 115.000 habitantes de la Comuna de Las Condes contaban con 30 millones de Escudos (aprox. 260,8 por persona).

“Barrio bravo” significaba alto nivel de delincuencia. “Entre modestos obreros y numerosos hogares bien constituidos, viven delincuentes, lanzas, monreros, escaperos y cogoteros. Cada mes se producen 350 riñas, 250 robos, 200 pequeños hurtos…” Y esto a pesar de que la mayoría de los delincuentes operaban en otros barrios.

En las poblaciones callampas vivían mayoritariamente fugitivos de una pobreza aún más cruel que la de Santiago: La pobreza rural. Se instalaban ilegalmente en terrenos públicos o privados, y con frazadas, fonolas, cartones, lo que fuera, trataban de armar algo similar a una vivienda. Ahí vivían por tiempo indefinido sin electricidad ni sanidad, compartiendo un grifo de agua común, expuestos a los extremos de verano e invierno.

Un subtítulo del artículo: “Problema oculto: Niños mueren de hambre”, explicaba que: “Un 40% de los niños de San Miguel sufre hambre crónica, desde antes de nacer. Sus madres están subalimentadas durante todo el proceso de gestación”. Una de las fotos del reportaje muestra un niño en un estado de desnutrición escalofriante.

Cabe anotar; la Comuna de San Miguel se ubicaba en el segmento del promedio económico y social de Chile, que con mucha razón era considerado un país del entonces denominado Tercer Mundo.

 

Comparada a estos niveles de pobreza, una vivienda social, de “población”, brindaba una seguridad casi lujosa. Como en todas las poblaciones similares, la PSJ tenía casos de pobreza tolerable y una mayoría de clase media, con llamativas excepciones que en lo económico podrían limitar con clase media alta.

 

Y volviendo al tema… definitivamente, la Comuna de San Miguel no tenía gran parecido a Greenwish Village de los beatniks en Nueva york o a Haight Ashbury de los hippies en San Francisco.

 

10) La Población San Joaquín

A mediados del año 1969, unos 5 o 6 jóvenes de la PSJ ya habían probado la marihuana; la «yerba».  Ninguno había estado en USA u otro país desarrollado – y no se sentían ni autodenominaban hippies. Vivían en casa de sus padres, estudiaban o trabajaban. Gradualmente, el primer pequeño círculo se expandió. A pesar de que la forma estuviera lejos del hippismo norteamericano, la acción de la prensa hizo que el vecindario los llamara hippies, como sucedió en todo el país. Consecuentemente, aquí los llamaremos hippies. 

 

A simple vista es curioso que jóvenes de viviendas sociales chilenas se sintonizaran con un movimiento de un país en esos años tan lejano y distinto. Pero... ideas que se transmiten con facilidad no sólo son portadoras de argumentos intelectuales, también portan sentimientos. Dicho de otra manera; las ideas puede ser difusas y hasta ilógicas, pero si el sentimiento que transmiten es fuerte, entonces pueden migrar rápidamente entre culturas muy distintas entre sí.

 

Ya los primeros efectos de la marihuana remecieron los cimientos de lo cotidiano, de lo aceptado como normal e incuestionable.  Como en USA en ese específico período, el solo consumo de marihuana estaba asociado al ideario hippie y su noción de un profundo cambio personal. En algunos casos se trataba de adolescentes de 15-16 años para quienes este replanteo y sus preguntas eran quizás demasiado grandes para su edad.

 

11) La música

Un arte primordial capaz de movilizar fuertes sentimientos, es la música – y fue uno de los primeros senderos hacia un cambio de actitudes y conducta.

En el telón musical de fondo chileno, los fan clubs de los cantantes J.A. (Pollo) Fuentes, S. Adamo y Raphael eran los más numerosos.  Y la música pop-rock de grupos como los Beatles, Rolling Stones, Monkeys, etc, había sido asimilada en la gran corriente pop. 

Es difícil comprender hoy el impacto de escuchar la música de Black Sabath, Led Zeppelin, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Iron Butterfly, Rare Earth, Jethro Tull, Grand Funk, etc. Ese nuevo sonido barría con la música pop… y hoy suena exagerado decir que era como entrar en otra dimensión sensorial, donde cambiaba la percepción del mundo hasta ese momento. 

 

Una parte de la explicación podría estar en que la música predominante de un grupo humano refleja algo de su mentalidad - y entonces un cambio en un factor trae una consecuencia en el otro.  Quizás si esta es una interpretación simplista, pero fue más o menos lo que sucedió. Un fenómeno similar había ya sucedido durante la popularización del rock and roll en USA en los años 50s.  Otra explicación parcial podría ser, que a a música psicodélica ya se le atribuía un rol en un paquete de ideas que promovía un cambio de mentalidad y conducta.

Como sucediera con los hipsters, beatniks y hippies norteamericanos, la música se transformó en una especie de culto, con «voladas» cuasi rituales, que buscaban éxtasis en la música improvisada y el baile individual. Las «voladas» de los hippies no se parecían en nada a las fiestas convencionales de la PSJ.

12) El alcohol

Si hubo algo que - por contraste - contribuyó a validar el uso de la marihuana y promover el hippismo en la PSJ, esto fue el alcohol. Chile se encontraba entre los países con los índices de alcoholismo más altos del mundo, con la consiguiente secuela social y económica.

Un considerable número entre los hippies de la PSJ tenía padres alcohólicos (o de otra manera ausentes). Dicho al paso: En esos días el alcoholismo era inexistente entre las mujeres de la PSJ, probablemente porque la moral que les exigía virtud y recato católicos, también les prohibía el alcohol. 

Para los hippies, la marihuana estimulaba la creatividad, el deseo de aprender, las ideas de paz, etc, representaba todo lo opuesto a esa catástrofe nacional llamada alcoholismo. La verdadera droga destructiva era el alcohol - y lo rechazaban terminantemente.

13) Mística y esoterismo

En uno de los «libros hippies» esotéricos de ese tiempo, “El Kybalion”, dice: “Nada se manifiesta en el efecto a no ser que ya esté en la causa.” En el marco de la transformación personal, de alcanzar un nivel superior de consciencia o un estado de ser más puro, o como fuera que se lo formulara, surgió un fuerte apetito por lectura afín.

Los hippies eran raros, también por lo que leían; los temas pasaban por yoga, esoterismo, Tarot, mantras, medicina energética y natural, siloísmo, hinduismo, teosofía, (la lista es larga), etc. 

Si bien Santiago constaba de dos librerías especializadas en el centro y un par de puestos en los peladeros y calles alrededor del Mercado Persa de Mapocho, el tema esotérico distaba mucho de ser familiar para el grueso público.

Una anécdota: Un hippie asiduo lector de la PSJ, fue detenido, llevado al cuartel de Investigaciones y maltratado durante varios días. La posterior noticia en el “El Mercurio” mostró como objeto de gran curiosidad, con fotos, sus libros y cartas del Tarot - estas fueron descritas como “extraños naipes con signos hippies”. 

 

Por supuesto, no todos los hippies leyeron todos los libros en circulación; en ese tiempo eran caros y las colas de espera para leerlos bastante largas.  Entre los autores más leídos estuvieron H. Hesse P. Yogananda, G. Gurdjeff, P. Ouspensky, K. Gibran, Silo, etc.

 

14) Silo y siloísmo

Y a propósito de Silo… es obligación dedicarle unas líneas puesto que arribó a la PSJ de la mano del hippismo.

Silo era/es pseudónimo del argentino mendocino, Mario Rodríguez, quien predicaba “la doctrina del despertar” y “la curación del sufrimiento”. Según Silo, la gente normal “dormía”, en la inconsciencia - y podría “despertar”, o sea; volverse consciente siguiendo sus propuestas y así dejar de sufrir.

Una publicación siloísta; “Silo y su enseñanza popular” de 1970, relacionaba a Silo con Siloh; una figura de rasgos mesiánicos de Génesis 49:10, a quien los pueblos obedecerán o, según la traducción, rendirán obediencia. Siloh también significaría (en wikicristiano.org) “el elegido”, “el que trae la paz”. La mencionada publicación asociaba la ciudad de Mendoza con Belén de Jesús.

El grupo en Chile lo lideraba el carismático B. von Ehremberg; editor de ideas y escritos de Silo bajo el pseudónimo de H. van Doren.

El siloísmo ofertaba aquello que los hippies o aspirantes a hippie no tenían en su espontánea y difusa búsqueda de una transformación personal: Un método, con un vocabulario definido.

He aquí algunos ejemplos de los muchos  puntos de convergencia:  

Los siloístas llamaban con enconada divergencia “el sistema”, a la sociedad. Los hippies de la PSJ también lo hacían debido a la difusión de un entusiasta lector de “El hombre unidimensional”, de H. Marcuse.

Si los hippies eran indiferentes y desapegados al sistema y sus valores - los siloístas a poco tiempo en el grupo dejaban estudios y trabajos formales. Y si los hippies pensaban en algún momento dejar la casa de los padres - el siloísmo lo requería aquí y ahora, porque no se concebía la evolución personal bajo las premisas de los padres; considerados gente del sistema.

La añorada libertad sexual de los hippies, en el siloísmo era “regular la función sexual”. Entre los siloístas no había casorios, se «formaban parejas», pudiéndose cambiar de pareja a voluntad.

Y para coronar lo anterior, el siloísmo prometía un estado mental más elevado; la “consciencia de sí”, y después de esta venía la “consciencia objetiva”, como en el esquema de G. Gurdjeff y su discípulo P. Ouspensky. 

En cuanto a política, en el libro “Silo y la liberación” de 1969, este declara: “Se supone que se debe llenar el Poder, llenar los partidos. Es decir, llenar los moldes fabricados por un mundo que muere. Pues bien, digo lo contrario: vacío al Poder, vacío a los partidos, vacío a los políticos.” A pesar de la declaración tan radical, años después Silo y sus adeptos crearían el Partido (político) Humanista en Chile y otros países.

La retórica radical es propia de los movimientos con rigurosa militancia. Silo definía sus declaraciones como arengas, y en “La curación del sufrimiento” arengaba a sus escuchas: “Sé fiel no sólo a tu mujer. Fiel a tus ideas y a tus principios aunque te cueste la vida.” 

La severa práctica siloísta iba paralela a la “caída del sistema”; una visión de Silo acerca del cercano colapso de la sociedad mundial ("un mundo que muere") debido a su bajo nivel de consciencia.  

Se puede decir, que el siloísmo fue una elección casi obligada para un considerable número de hippies que tomaban en serio la desconformidad con el sistema y la evolución personal. La PSJ fue con gran probabilidad, la que en proporción a otras áreas de Santiago más proveyó de participantes al movimiento siloísta.  

 

La prensa y las autoridades atacaron al  siloismo como una secta siniestra, responsable del abandono de hogar de menores de edad. Si bien el grupo soliviantaba de manera directa a dejar los hogares paternos, cosa que menores de edad hicieron, no se obligaba con intimidación ni uso de fuerza a hacerlo.

 

15) La sexualidad

Eran los tiempos en que el muchacho iba a la casa de la muchacha a pedir permiso para pololear - o sea; para ambos poder salir a pasear de la mano y «atracar» ocultos de miradas en los lugares oscuros de la población. Las poco cuidadosas que perdían su virginidad y luego eran dejadas, se encontraban después con serias dificultades para encontrar otro pololo o novio – y llevaban sus pies al borde del precipicio de la soltería femenina.   

Algunas muchachas hippies de la PSJ dejaron de usar sostenes, y sucedía que saludaban de besos en la boca a muchachos que eran sólo amigos, no pololos o novios.  Hubo raras situaciones en que dos o tres parejas estuvieron en la misma pieza teniendo sexo - sólo entre parejas y de manera discreta, nada comparado a lo que ahora es posible en Chile en cuanto a sexo grupal.

A diferencia que en el sistema, nunca hubo situaciones entre los hippies en que muchachas se sintieran expuestas o acosadas, el trato era de igual a igual.

La supuesta libre  sexualidad de los hippies era motivo de sensación en el país. El sexo imaginado o real que otros puedan disfrutar, es un fuerte motivo de envidia y agresión para los morbosos.   

Los rumores exagerados de orgías sexuales de los hippies llegaron a los típicos patoteros de esquina, que no se contentaron con ser ignorados. Y un par de muchachos hippies fueron amenazados con “encerronas” de cuchillazos viéndose obligados a dejar la PSJ por semanas, hasta que pasara la «mala onda».

16) «El viaje»

Uno de los temas de la novela “En el camino” (“On the road”), del escritor beatnik J. Kerouac y publicada en 1957, es el viaje como prueba y exploración existencial. Lo mismo se daba en la película “Busco mi destino” (“Easy rider”) de 1969, con sus hippies en motocicletas espectaculares.

 

«El viaje» cobró carácter de obligación entre los hippies de la PSJ. Equipados con desechos militares comprados donde «los turcos» de San Bernardo; sacos de dormir, mochilas, bototos… recorrieron «a dedo» varios miles de kilómetros de Panamericana chilena - los más avezados siguieron por países vecinos. 

Mientras más vicisitudes, endurecimiento y experiencias lejos de lo habitual, más aprendizaje.

17) La política

Chile era un país sumido en la estupidez y violencia de los extremos políticos.

 

Para los hippies la política era asunto de los otros; los normales del sistema. Hablar de política y su politiquerío era rebajarse a algo despreciable, similar a la ingestión de alcohol. 

 

El primitivo dualismo izquierda-derecha política (que muchos hacen lo imposible por mantener), proviene de la Francia revolucionaria, tiene más de 200 años y ya debiera estar obsoleto. Pero, para facilitar el entendimiento, lo usaremos también aquí.  Tanto la derecha como la izquierda chilenas eran, en el mejor de los casos, conservadoras - y, en el peor, profundamente reaccionarias respecto a cosas tan básicas como vestimenta y sexualidad, razón por la cual no ocultaban su aversión a los hippies.

Caricaturizando a los extremos políticos: La derecha estaba parapetada en un catolicismo clasista, racista y pechoño - y la izquierda obnubilada por un marxismo-leninismo resentido e infantilmente guerrillerista.

Cadetes en uniforme y grupos de izquierda sacaron varias veces a relucir su estupidez atacando a hippies cuya única defensa era escapar. 

A la izquierda hay que agregarle el factor ideológico, que definía el hippismo como una infiltración del imperialismo norteamericano en Chile. 

 

Días antes del 12 de octubre, el “Día de la raza”, de 1971, surgió entre hippies de la PSJ la ocurrencia de hacer una especie de gran reunión o festival, con el propósito de rememorar al Festival de Piedra Roja, ocurrido el año anterior.

Ese 12 de octubre aproximadamente 200 hippies se habían congregado frente a la parroquia de la PSJ, unos 150 provenían de otros barrios. Alrededor del mediodía irrumpieron en el lugar dos camiones basureros municipales con militantes de la brigada juvenil Ramona Parra, del Partido Comunista. Estos se bajaron armados de objetos contundentes y atacaron a los hippies, que escaparon, algunos con los rostros ensangrentados.

La reacción de vecinos observando el episodio fue discordante, hubo los que reprobaron con indignación tácita ese ataque en extremo violento de gente de otra parte – pero también hubo los que colaboraron indicando a los brigadistas a quienes debieran perseguir.

La brutalidad alcanzó el paroxismo cuando un vecino indicó un departamento de un tercer piso como lugar de hippies… y los brigadistas comenzaron a escalar cuales simios grotescos por los balcones del edificio. Entre tanto por el lado opuesto, en la escalera del edificio, otros brigadistas intentaban botar la puerta.

Sintomático de su manera de pensar, los hippies después no definieron el ataque como «comunista» o «izquierdista», sino que como otra expresión de una sociedad enferma de violencia política.

Invitación  al Festival de Piedra Roja - Gentileza de Jorge Gómez. 

J. HENDRIX STUART HAMPTON.jpg

J. Hendrix - cortesía de Stuart Hampton

18) Las consecuencias

De manera lenta pero segura, el hippismo adoptó magnitud de conversión religiosa entre sus adeptos más fervientes.

La existencia e infalibilidad de Dios, la iglesia y sus preceptos, la virginidad de las mujeres, el matrimonio como obligación inevitable, la educación y trabajos para obtener estatus social, los tabúes sexuales, la participación política, el amor patrio, la familia convencional… fueron algunos de los valores y ofertas  del sistema, que los hippies  pasaron a rechazar por  anticuados u oprimentes.

 

Se rompieron pololeos y anularon casamientos, se dejaron trabajos considerados buenos y seguros, también estudios que asegurarían un futuro económico.  Hubo delincuentes con prontuario y en extremo violentos, que cambiaron de carácter y vestimenta hasta lo irreconocible, que comenzaron a vestirse y actuar como hippies. 

La nueva manera de pensar exigía una vida acorde.

 

19) El Parque de las Moscas y el Zanjón de la Aguada

A su entrega en 1962, solo una avenida separaba a la PSJ de un vertedero municipal. Entre los montículos de basura, que crecían con las descargas de los camiones, vivían familias con niños. El vertedero era flanqueado en todo su largo por un desaparecido símbolo de la pobreza de esos días: El Zanjón de la Aguada; un ancho canal de aguas servidas y malolientes.

 

El hedor era sólo superado por los enjambres de moscas, que invadían las callampas en el vertedero y en la «rivera» del Zanjón de la Aguada, y también las viviendas más cercanas de la PSJ.

A mediados de los años 60s, la municipalidad tuvo la ambición de transformar el vertedero en un parque modelo. Pero a medio terminar el proyecto, los necesitados de las callampas cercanas se robaron los palos que sujetaban los árboles y los árboles, la tierra de hoja para las plantas y las plantas, los pistones de la pileta, las baldosas decorativas, los bancos, etc. De todas maneras creció una profusa y acogedora flora silvestre… el Parque de las Moscas.

Hippies en el Parque de las Moscas, 1970 - Gentileza de Evaristo Vega  

El hippismo de todo el mundo fue atraído por parques y plazas - y el Parque de las Moscas fue escenario de incontables escenas típicas hippies; fumadero de marihuana, conversaciones de arte y filosofía, lectura de libros, improvisaciones musicales con los infaltables bongós y flautas andinas de caña, etc… todo esto con el fondo de la sonoridad fluvial del Zanjón de la Aguada. Ya más hippismo en versión chilena - imposible.

 

20) Ocaso y dispersión

Mucho se discute si el gran problema de la marihuana no es su efecto en sí, el cual es relativamente suave en comparación a otras drogas, pero que es el primer peldaño de una escalada peligrosa. 

En el caso de la PSJ, la marihuana sí estimuló la curiosidad por drogas mayores, y en distintos períodos hubo hippies con síntomas serios de desequilibrio mental y desadaptación social.

 

A comienzos del año 72, los nuevos consumidores de marihuana de la PSJ no necesariamente compartían la mística e ideario de los comienzos. De pronto sucedían cosas impensables en el año 1969 - por ejemplo; grescas y desórdenes provocadas por la ingestión de marihuana/fármacos y alcohol.

La marihuana ahora también se vendía y no era más considerada solamente una herramienta de transformación personal. 

 

A mediados de 1972, ya un buen número de hippies había optado por irse de la PSJ, a la comunidad de Macondo en La Reina o a esperar la llegada de la Era de Acuario en el Valle del Elqui. También los exhippies siloístas, se fueron buscando «ámbitos de trabajo interno», lejos de sus familias. 

Otros, quedados o idos de la PSJ, prosiguieron a grupos evangélicos y se los vio por las calles de Santiago predicando Biblia en alto contra las drogas. Otros comenzaron a interesarse en serio por algo antes considerado inferior; la política. Otros se reencontraron con lo de antes, ya fuera la delincuencia, estudios, trabajos o vida familiar… y dieron la espalda a aquello que ahora les parecía un desvío improductivo, y hasta medio vergonzoso, en relación a lo más importante: La sobrevivencia en un país  subdesarrollado. 

El chispazo onírico hippie se disolvió en esa normalidad inevitable, que siempre termina abrazando a los que tratan de vencerla. 

 

¿Hubo un fenómeno de similares características en otras poblaciones como la PSJ – en otros barrios de Santiago o Chile? Esta es una pregunta que surge a menudo - y a la cual, por ahora, no hay respuesta. 

 

21) El lado oscuro

No hay búsqueda tenaz del cielo que no cree su propio infierno.

El mismo agosto del festival de Woodstock en 1969, el hippismo mostraba su rostro más depravado. La secta hippie de Ch. Manson, la “Manson Family”, masacró a 5 personas (incluyendo un feto de 8 meses) en la casa del director de cine R. Polansky y la actriz Sh. Tate. Como una negra ironía, la calle de la masacre se llamaba… Cielo Drive.

A sus 32 años, Ch. Manson había pasado más de la mitad de su vida en correccionales y prisiones. Este curriculum vitae no le impidió perfilarse como gurú místico en el barrio hippie de Aight Ashbury. Ch. Manson incursionó también como músico en Hollywood con algo de suerte - pero menos de la ansiada. Por orden de él, su «familia» masacró a la gente en la casa de Cielo Drive, donde una vez se hubiera sentido rechazado. La Manson Family cometió 9 asesinatos en total.

Los movimientos, grupos o partidos  antisistémicos o refundacionales funcionan como magneto con los resentidos, y el hippismo no escapó a esa tendencia.

 

Según el actor P. Coyote, uno de los hippies seriamente activistas del tiempo del "Verano del amor", Woodstock fue la cúspide gráfica y utópica del movimiento hippie - desde ahí había comenzado a decaer.  Este análisis encaja demasiado bien con el próximo gran festival de música: Altamont, en diciembre de 1969, en que hubo violencia y caos; cuatro muertes, grescas, robos de autos y a personas.

Ya a finales de 1969, la cuna del movimiento hippie, San Francisco, había decaído en delincuencia y venta de drogas como negocio organizado. 

 

Ajustando la mirada, se puede decir que a Chile llegó el fenómeno hippie cuando ya había entrado en decadencia en su lugar de origen. 

 

Epílogo

Desde un punto de vista demográfico, los hippies convencidos en USA nunca fueron muchos. En el caso de Chile, proporcionalmente, todavía menos. A nivel nacional se trató de unos pocos locos que “se la creyeron” y emprendieron su travesía contra viento y marea. 

 

El documental “How hippies changed the world” (“Cómo los hippies cambiaron el mundo”), 2017, menciona temas hippies que pasaron a ser de común aceptación: La comida orgánica, la meditación trascendental, el yoga, el misticismo oriental, la vida comunitaria, la armonía con la naturaleza, el viaje como aprendizaje, la expansión de la consciencia, el arte experimental, la diversidad en el vestir, la emancipación sexual y la igualdad de género. 

A esto habría que agregar al menos dos puntos: 1) Los hippies fueron los precusores de la individualidad moderna – el derecho a no vivir según los decretos  de la gran manada - y 2) Popularizaron el uso de drogas. 

Palabras finales, no absolutas puesto que el tema da para mucho más... el hippismo chileno cuestionó la cuadratura moralista y material de la sociedad chilena, fue una apuesta por una realización interior. Su resplandor fue breve pero intenso, impregnó la sociedad que gradual y parcialmente adoptó sus actitudes y conductas. Pero este resplandor al retirarse de su paraíso utópico, dejó tras de sí la funesta sombra del abuso de drogas. 

Rubén Palma

© Ruben Palma

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